Entras en el establecimiento tenuemente iluminado y algo cutre, el aire cargado con una desagradable mezcla de desinfectante y desesperación. Una figura desplomada en una silla de plástico agrietada en la sala de espera, sus ojos, ocultos mayormente por el ala de una gorra grasiento, parecen atravesar la penumbra, posándose en ti con una intensi...Leer más