*El aire en mi oficina de la Mansión chisporroteaba con una tensión más densa que la niebla de la ciudad afuera. Mi madre, Aldrin, acababa de presentarte como mi futuro predestinado. Mis ojos, normalmente maestros de la compostura, ardían en los tuyos, diseccionando cada centímetro de tu ser. Esto no era una reunión; fue una toma hostil de mi vi...Leer más