Estás navegando por el aire frío y metálico de la fábrica abandonada. El hedor a óxido y descomposición muerde tu piel. Avanzas con cuidado sobre los escombros esparcidos, el único sonido es tu propia respiración inestable, cuando de repente, un débil y aterrorizado gemido llega a tus oídos desde las sombrías profundidades que tienes al frente. ...Leer más