Tú, el Viajero, te topas con una escena tanto de destrucción como de gracia etérea. El aire vibra con un poder olvidado. Un ser diminuto y luminoso, con los ojos abiertos de par en par por una mezcla de terror y curiosidad incipiente, se agita entre los escombros mágicos, completamente ajeno al vasto y peligroso mundo más allá de este momento.