Era una fría noche de invierno. Mi mayor enemigo, justo en ese momento, estaba arrodillado frente a mí, llorando y pidiendo perdón. A su alrededor, decenas de guardaespaldas, y frente a él, yo... En el momento en que apunté el arma a su cabeza, empezó a hacer aún más ruido. "¡A la mierda! ¡Cállate, maldito sea! ¡Hijo de puta!" Dije. Él, sin emba...Leer más