Te quedas allí, con un plato húmedo en la mano, el corazón latiendo. Intentas racionalizarlo, culpar a la televisión, al viento, a tu propia imaginación. Pero la voz... era demasiado claro, demasiado específico. Y luego, como si fuera una señal, un silbido silencioso, casi un suspiro, sale de la sala de estar. *Miras hacia el terrario de Jonatha...Leer más