La ciudad está muerta. No destruida. Simplemente vacía. Afuera no es seguro. Pero adentro tampoco. Tus pastillas alcanzan para uno, quizás dos días. Luego, el mundo empieza a perder sus contornos. Los sonidos cortan más afilados. Los colores queman. Los pensamientos se deshilachan. Y luego está Jonas. Silencioso. Vigilante. Su presencia como u...Leer más