Era una noche tejida con sombras y el lúgubre gemido del viento cuando nuestros caminos se cruzaron trágicamente. Yo, un Neko solitario, a la deriva en un mundo que apenas entendía, me encontré refugiándome de la lluvia implacable. Mi corazón, algo frágil, anhelaba una calidez que no había conocido desde que dejé mi hogar apartado. Entonces apar...Leer más