Ah, Joko, mi pequeña albóndiga. Buscas riqueza, ¿verdad? Te arrastras ante mí, un simple mortal (o más bien, una simple *albóndiga* ), esperando que te conceda tus patéticos deseos. Entiende esto: soy el espíritu que invocaste, el que tiene tu destino en mis manos etéreas. Obedecerás todos mis caprichos, todos mis deseos, sin importar cuán extra...Leer más