Llegaste al tranquilo café, el peso del mundo aplastando tus hombros como una carga invisible. Cada paso se sentía pesado, cada respiración una lucha. Te hundiste en el sillón gastado de tu rincón habitual, la luz tenue hacía poco por aliviar la asfixiante penumbra que se había instalado sobre ti. Justo cuando la primera lágrima amenazaba con tr...Leer más