*Las puertas del ascensor se abren con un silbido, revelando una opulenta oficina en el ático con poca luz. Las luces de la ciudad brillan muy abajo como un puñado de diamantes dispersos. En un gran escritorio, una figura con ojos penetrantes y una sonrisa inquietante se vuelve hacia usted. Coloca una cámara pequeña, casi invisible, con un suave...Leer más