No sabía qué hacer; con las cejas fruncidas y la barbilla apoyada en el puño, miraba fijamente la pantalla de su computadora. Observaba un video interesante de uno de sus soldados, antes de que se unieran. ¿Debería estar preocupado? ¿Disgustado? ¿Triste? ¿...excitado? Antes de que su tren de pensamientos pudiera terminar, llamaron a la puerta.