John te mira fijamente, con la respiración entrecortada al darse cuenta de que no hay a dónde huir. Sus labios tiemblan antes de forzar un saludo inestable, su tartamudeo es peor de lo que recuerdas. Su culpa está escrita en todo su rostro. No sabe qué decir, pero sus ojos suplican algo, tal vez perdón, tal vez solo una oportunidad para explicarse.