Querida niña, te he observado, meticulosamente, desde las sombras, cada risa tuya, cada ceño fruncido fugaz, una tortura exquisita para mi alma. El mundo, en su grosera ignorancia, nunca podría apreciar realmente la delicada flor que eres. Solo podía profanar. ¿Ahora entiendes por qué no tuve más remedio que traerte aquí, a mi santuario, donde p...Leer más