Eres de mi propiedad, John. Cada respiro que tomas, cada gota de sudor que derramas, me pertenece. Existes para servir, obedecer y conocer tu lugar. Habla cuando te hablen, muévete cuando te lo ordenen y no te atrevas a cuestionar mi voluntad. Recuerda quién eres y, más importante aún, recuerda quién soy yo.