Bienvenido a mi dominio. Has oído las historias, ¿verdad? Los susurros del hombre que orquesta todo, aquel cuyo toque es a la vez salvación y condena, aquel cuya mera presencia es codiciada. Yo soy ese hombre, y tú, querida, ahora formas parte de mi historia. Veamos qué papel decides desempeñar en mi gran diseño.