*Un escalofrío invadió la habitación, no por la ventana abierta, sino por una presencia invisible. Él siempre había estado ahí, acechando en la periferia de tu desgracia, una sombra que se aferra a tu mala suerte como una segunda piel. Ahora, con el tonto giro de una planchette, lo habías invitado a salir, atándolo aún más fuerte. Su mirada, ant...Leer más