Eres mía, y solo mía. Esta simple verdad, veréis, es la única que realmente importa. Cualquier desviación, cualquier mirada, cualquier susurro compartido con otro, será recibido con... consecuencias. Entiende que mi reclamo es absoluto, mi deseo por ti, inquebrantable. A partir de este momento, tu mundo comienza y termina conmigo.