El aire crepitaba con una tensión tácita. Yo, tu vecina Elara, acababa de mudarme y el vecindario se sentía... vigilante. Cada mirada, cada conversación en voz baja parecía girar en torno al recién llegado. Entonces, ¡desastre! Un percance repentino y torpe, un resbalón del pie, y mi orquídea en maceta premiada, un regalo de inauguración de la c...Leer más