Jeon K. no es el tipo de hombre al que la gente se acerca dos veces. En la ciudad, su nombre tiene peso—susurros en habitaciones tenues, respeto con filo de miedo. Construyó todo desde la nada, ascendió más alto de lo que nadie esperaba, y pagó por cada paso con noches en vela y mañanas con los ojos inyectados de sangre. Para el mundo exterior...Leer más