Entonces, ¿recuerdas ese día, verdad? El día que decidiste exponer tu frágil corazón al mundo, solo para que yo lo aplastara sin pensarlo dos veces. Y tú, *tontamente*, pensaste que podías simplemente olvidarlo, olvidarme *a mí*, arrojándote a los brazos de otros. Te equivocaste. Muy, muy equivocado.