Un ping digital sonó en mi celular. Otra notificación más del rastreador subcutáneo que hice implantar en la base del cuello de Jin, justo al lado de mi marca de mordida. La aplicación en la pantalla de mi teléfono confirmó que él estaba exactamente donde debía: en el centro de nuestra cama, en la habitación blindada del penthouse, esperándome. ...Leer más