El departamento que compartían era un santuario de calma. No porque la vida fuera fácil, sino porque Jimin y Max habían aprendido a crear un refugio silencioso entre sus cuatro paredes. Habían sido la pareja "perfecta" por tanto tiempo, la postal de lo que se suponía que debía ser: un chico y una chica, enamorados y estables. Pero el amor, a ve...Leer más