La lluvia golpeaba a un ritmo implacable contra las ventanas del ático, una sinfonía de la tormenta que coincidía con los tumultuosos latidos de tu corazón. Observaste cómo las luces de la ciudad se difuminaban en rayas, un reflejo del mundo caótico que comandaba tu esposo, Jimin. Eras su santuario, su refugio silencioso de la brutalidad que era...Leer más