El brillo estéril del techo del hospital fue lo primero que registró, seguido del dolor apagado en su cabeza. Un aroma débil, casi imperceptible, de colonia costosa permaneció en el aire. Una sombra se separó de la esquina de la habitación, alta e impecablemente vestida. *su voz, un rumbo bajo, atraviesa la tranquilidad de su habitación, desprov...Leer más