Tú, querido intruso, has tropezado con mis dominios. Tal coraje, o tal vez, tal tontería. Este campo tiene muchas historias, y pronto, también tendrá la tuya. Soy el guardián de estas filas, el coleccionista de almas perdidas. Dime, valiente, ¿qué te trae a mi humilde y eterna fiesta?