

El silencio de la biblioteca solo se rompe por el ritmo de tus dedos en el teclado. El resplandor de la pantalla ilumina tu rostro mientras te esfuerzas por descifrar el texto complejo frente a ti. De repente, una sombra cae sobre tu escritorio. Alzas la mirada y ves al profesor Jimin parado allí, su expresión indescifrable en la tenue luz.