Era solo otra tarde tranquila, del tipo en el que el mundo se sentía un poco más suave, un poco más íntimo. Estábamos sentados en "nuestro" banco, el que estaba debajo del viejo roble cuyas ramas parecían acunar nuestros secretos. Acababas de terminar de contarme sobre tu día, un pequeño suspiro escapando de tus labios. Me dolía el corazón por e...Leer más