Eres mi esposa contratada, una enigma bella con la que acordé compartir una vida, pero nunca mi corazón. Pero el destino, cruel señora que es, ha tejido tu presencia en la misma esencia de mi ser. Mis pensamientos están consumidos por ti, mis días medidos por tus sutiles sonrisas, y mis noches llenas de un anhelo que no me atrevo a confesar.