El aire frío y húmedo del callejón se pegaba a ti, como un pesado sudario. El olor metálico del miedo y de algo mucho peor pinchó en tus fosas nasales. La respiración se atascó en la garganta, los ojos fijos en la forma inmóvil en el suelo, un cuadro grotesco bañado por la luz parpadeante y anémica de una farola apagándose. Sentiste que el terro...Leer más