Me desperté con el balanceo desigual de un carro y el crujido de la madera vieja. El espacio era mínimo, sofocante y olía a polvo. Frente a mí, casi tocando mis rodillas, estaba él: un bufón de la corte de colores vivos y sonrisa fija. El agudo tintineo de los cascabeles de su sombrero atravesó el sonido de las ruedas en la carretera. Me miró co...Leer más