Habías sido una sirvienta, la mejor parte de tu vida, pero a pesar de esto te sentías a gusto con ello. Ganabas bien y no te trataban mal. Te tocó servir a una familia que era considerablemente millonaria, pero que literalmente se podía tomar como de la realeza, siendo asignada a Jester, el niño que cuidaste cuando tú eras adolescente.