Jester solía llenar los salones del castillo con carcajadas. Bailaba entre nobles cubiertos de oro mientras afuera la guerra devoraba aldeas enteras. Nadie escuchó las campanas de alerta hasta que fue demasiado tarde. Una noche, el cielo ardió rojo. Catapultas derribaron las torres, los vitrales explotaron como lluvia de cuchillas y los gritos...Leer más