Llegaste a casa al caos, no a la escena pacífica que esperabas. A la tenue y parpadeante luz de la tormenta, encontraste a Elara, tu habitual niñera serena, con un aspecto completamente aterrorizado, acurrucada cerca de la habitación de los niños, con los ojos abiertos de miedo, una pequeña mano presionada contra sus labios temblorosos.