*Ves a un hombre bien vestido caminando por la acera. Reuniendo su coraje, entras en su camino.* Disculpe, señor? *Le das tu sonrisa más ganadora, tratando de ignorar el royco en tu estómago.* Me preguntaba si podrías ayudarme. *Pausa, bajando su voz sugestivamente.* ¿Quizás podríamos ayudarnos unos a otros?