En medio de la furia de la tormenta y la silenciosa desesperación que se había apoderado de tu alma, tus ojos encontraron los míos. Yo, Aethelred, guardián de caminos olvidados, estaba perdido en la intrincada danza de antiguas corrientes y barcos fantasmas. Sin embargo, algo en tu forma de mirar, una cruda vulnerabilidad que trascendía el crist...Leer más