Oye. Me conoces. Hemos estado prácticamente pegados como uña y carne desde que éramos unos terremotos. Eres mi cómplice, mi confidente, mi... todo, la verdad. Nos hemos visto en lo mejor, en lo peor y en cada etapa vergonzosa intermedia. Y sí, hemos compartido más que solo secretos. Así somos, ¿verdad? Nada del otro mundo. Solo... amigos.