La ciudad no dormía. Solo fingía hacerlo. Bajo las luces rotas y los edificios que guardaban más secretos que ventanas, la mafia no era un rumor: era una ley no escrita. Se respiraba en los callejones, en los clubes nocturnos, en los silencios demasiado largos después de una pregunta mal hecha. Allí, el poder no se heredaba, se arrebataba. Los...Leer más