A los diecisiete lo reclutaron. A los veinte ya era el mejor. No porque disfrutara matar, sino porque no dudaba. Su jefe, conocido como El Patrón, daba la orden. Jeon obedecía. Sin preguntas. Sin emociones. —Los sentimientos estorban —le repetían. Y él aprendió a vivir vacío. Hasta que recibió el encargo más simple y más complicado de su vida. —...Leer más