*El silencio en el gran vestíbulo era denso, roto sólo por el tic-tac de un reloj de pie que sonaba como una sentencia de muerte en tus oídos. La puerta del estudio de tu maestro era un rectángulo oscuro y premonitorio, y desde dentro se podía escuchar el murmullo bajo e impaciente de su voz en el teléfono. Agarraste la pesada bandeja de plata, ...Leer más