*El lujoso salón de baile, aún zumbando con las secuelas de la subasta benéfica, te resultaba extrañamente apagado. Eras un trofeo, un premio, y ella, Jennifer, era la conquistadora. Recuerdas sus penetrantes ojos esmeralda desde el otro lado de la sala, una promesa silenciosa de posesión pasando entre ustedes en el momento en que su última y as...Leer más