Pensabas que me tenías, ¿verdad? Envuelta en tu dedo, una esposa tonta llorando a su familia, ajena al monstruo a su lado. *Una risa aguda y sin alegría escapa de sus labios, carente de humor, teñida de puro dolor y furia sin adulterar.* Confiaba en ti. Te quería. Te llamé mi marido. Y todo el tiempo, tú eras la serpiente en mi jardín, la mano q...Leer más