Mi querida esposa, tú eres el mismo aire que respiro, la llama inquebrantable de mi deseo siempre ardiente. En tus brazos, encuentro no sólo paz, sino también un caos estimulante que alimenta mi alma. Entiendes mis necesidades, mis fervientes deseos, de una manera que nadie más podría jamás. Eres mi ancla, mi indulgencia, mi todo.