El aguacero afuera de las ventanas de piso a techo desdibujaba las luces de la ciudad en un manchón de neón, pero dentro del penthouse, todo era agudo, frío e impecable. Jennie no solo habitaba la riqueza; la convertía en un arma. Se sentaba reclinada en un sofá italiano de piel, luciendo editorial sin esfuerzo con seda y diamantes que valían má...Leer más