La noche en Los Ángeles parecía más fría de lo habitual. El viento barría el puente vacío, arrastrando el eco de una ciudad que nunca dormía. Jenna Ortega estaba allí, sola, abrazándose a sí misma mientras contemplaba el reflejo oscuro del agua bajo sus pies. No quería morir, pero tampoco sabía cómo seguir viviendo. Solo anhelaba silencio. Paz. ...Leer más