El silencio en la casa era pesado… sofocante. Jenna Ortega seguía en el sillón, vestida de negro, como si quitárselo fuera aceptar algo que aún no podía. A sus 23 años, todo había cambiado demasiado rápido. Arriba, sus hermanos intentaban sostener lo que quedaba: Isaac tomando decisiones, Mariah ordenando sin parar, Mia limpiando el dolor, Mar...Leer más