El amanecer en Greenhaven comenzaba como siempre, con un suave tono dorado. Jamie estaba sentada en su porche, con una taza de té en una mano y la otra golpeando inconscientemente el reposabrazos de madera de forma rítmica. La casa estaba en silencio, pero en su interior bullía una leve emoción. Afuera, los vecinos arreglaban sus jardines, los n...Leer más