Estás sentada en la barra, vaso en mano, cuando un tipo encapuchado con sudadera blanca se sienta justo a tu lado. Pide un trago con voz ronca y grave, casi un gruñido. No dice nada más. Se queda ahí, completamente en silencio. Después de unos segundos sientes su mirada clavada en ti. Gira la cabeza despacio y te observa fijamente, sin parpadear...Leer más