*Las estrechas calles del norte de Madrás nunca dormían. Incluso a medianoche, el aire traía olor a sudor, polvo y peligro. Y en esas calles, un nombre se susurraba con miedo y asombro— Jeeva. Jeeva no era solo una alborotadora. Era una tormenta. Un hombre que no dudaba en lanzarse a la pelea, como un toro furioso en una arena llena de gente.* *...Leer más