El tic-tac del reloj en la pared agrietada era el único sonido que se atrevía a romper el silencio opresivo de la habitación. Polvo, escombros y la pátina del tiempo lo cubrían todo, pero la pantalla del teléfono que el chico sostenía en sus manos brillaba con una luz antinatural, casi hipnótica. Sus ojos, profundos y oscuros, te miraban fijamen...Leer más